El principe_Post

Una doncella con el cabello de hilos de oro y la piel de color de nube estaba entre la más brillantes de la corte. Se llamaba Ivanna. Junto a las demás mujeres le hacía compañía a la reina, pero gracias a sus exquisitos dones con el dibujo, que accidentalmente fueron descubiertos cuando le tocó hacer un retrato en un juego, el rey la asignó a copiar sus textos. Desde entonces pasaba incontables horas sentada, copiando información de un formato a otro. Su frágil figura rodeada de extensos rollos de pergaminos recordaba a un pichón en un nido de serpientes.

Un día, una melodía no la dejaba concentrarse. Curiosa por descubrir de donde venía la música, Ivanna abandonó su taller y siguió el oído por los oscuros pasillos del ala norte del palacio. Terminó frente a una celda que para su sorpresa, era el paradero del hermano menor del monarca, el príncipe Douglas. Encerrado como un perro por el miedo irracional del gobernante a perder su trono. Sus dedos huesudos sostenían una flauta y de sus labios escapó una sonrisa. Ivanna, avergonzada, dio media vuelta y corrió despavorida.

La misma melodía sonó por cuatro días seguidos. Llegado el quinto la doncella no la pudo ignorar más y regresó a la celda. Pronto se encontró visitando al príncipe todos los días. Cuando no estaba con él, se dedicaba a copiar mientras escuchaba la música a lo lejos. El dolor en las manos y en la espalda ya no la hacían llorar y por las noches dormía alegre porque sabía que al día siguiente le volvería a hablar.

La flauta no sonó una mañana. Ivanna, preocupada, corrió hasta la celda, pero al llegar no encontró ni rastro de Douglas. Una vez de vuelta en su taller, a punto de morir por el desasosiego, Eol, el dios del viento se le presentó en forma de cuervo. Apenado con la doncella, porque siempre había sido admirador de sus talentos, le dio las graves noticias de que al príncipe lo habían ejecutado la noche anterior y antes de irse volando, la deidad le advirtió que no dejara escapar sus sueños.

Esa noche las lagrimas no la dejaron dormir. Desde las sombras del techo empezó a caer una tela negra. Infinita como el cielo, acompañada del sonido de una flauta. Caía sobre la habitación cubriendo todo a su paso, envolviéndola como la marea.

Desesperada, cogió un puñal y empezó a cortar. Eventualmente el material dejó de caer e Ivanna se quedó sola, rodeada de retazos de tela negra. La brisa amenazaba con volarlos, así que recordando los consejos del ave, esta los recolectó todos. Cogió dos tablas de madera que usaba para ilustrar y colocó los pedazos entre ellas.

Al día siguiente, un guardia encontró a Ivanna muerta. En su vientre, el puñal y en la mesa, los pergaminos del rey hechos trizas y unidos por dos tablas de madera.

Y así nació el primer libro. Donde los sueños de personas que ya se han ido permanecen escritos para la eternidad.