Maquetación 1Publicados por primera vez en 1940 con el título de Dago Red, los trece relatos de John Fante que leerán aquí funcionan como una novela impecable que hará que añadan, en el altar que erigieron en su día para Arturo Bandini y Nick Molise, el nombre de Jimmy Toscana. Y aunque las historias les suenen, se sorprenderán pasando páginas como si fuera la primera vez que lo leen.

Podría pasar, sin embargo, que este fuera el primer libro de John Fante que van a leer. Sepan entonces que están a punto de probar la cocaína, y que querrán más.

Todos los temas del autor están aquí, aunque destacan dos. Primero, el peso de la educación católica; las dudas, la culpa y el miedo a Dios determinan la niñez del protagonista en ese invierno eterno que fueron los años veinte en Denver (Colorado), al pie de las Rocosas, en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Uno no puede dejar de retorcerse al observar la delicadeza espiritual del chico, y cómo Fante enciende con maestría la chispa de su futura rebeldía, en un universo desapacible marcado por la condición de clase: la vida sin muchas esperanzas, en constante lucha con los sueños del adolescente. Como en Espera a la primavera, Bandini, precisamente la espera es lo único que queda, al menos hasta que tienes 18 años y los brazos suficientemente fuertes como para pelearte a puñetazos con tu padre.

Y en segundo lugar, y precisamente, la familia; el carácter fuerte y rudo del su padre, el albañil bravucón y mujeriego al que parece querer y amar y temer y odiar a la vez, y el constante sufrir de la madre sumisa y devota que iba para monja. Y el hogar, esa pequeña casa donde es imposible esconder su condición de macarroni, y donde el tintorro corre igual que las lágrimas, e igual que las somantas y las zurras, y el pan nuestro de cada día.

John Fante, admirado por Bukowski y Hemingway entre otros, atesora una voz aparentemente sencilla y ceñida, que persigue y da caza con brillante astucia a la emoción pura de la que está hecha la vida: el amor y el odio, y esos grados oscilantes de ternura y rabia, compasión y reproche, que hacen que sintamos a sus protagonistas como si estuviesen dentro de nuestras costillas. Todo lo que es Verdad y Cierto parece condensarse en la obra de Fante, y El vino de la juventud no es una excepción. Es otra obra de arte.

En el apartado ‘Últimas historias’ se recogen siete relatos más del autor, publicados en diferentes medios. Siguen en la línea, pero sorprende encontrar algunos dedicados enteramente al deporte, una de las pasiones del autor. Y finalmente, un par dedicados a un personaje que llega a California, donde alquilará una habitación en un caserón de Bunker Hill y escribirá hojas que luego arrugará, mientras las señoritas vienen y van.

John Fante, de principio a fin.