Terry_Post

“Is this the kind of place you wanna live?
Is this were you wanna be?
Is this the only life we’re gonna have?
What we need is

An Alternative Ulster”

Stiff Little Fingers / Alternative Ulster

1.It was 1968 and the party wouldn’t start again until punk came along.

A mediados de los setenta, Irlanda del Norte no era precisamente Disneylandia. En Belfast, la capital, el conflicto armado entre el IRA –nacionalistas irlandeses (católicos)– y el Ulster Volunteer Force –unionistas británicos (protestantes)– alcanzaba niveles desproporcionados de terror: sólo en 1972, el IRA detonaba 22 bombas en el centro de la ciudad, mientras que los unionistas del barrio de Shankill Road se ganaban a pulso el calificativo de “carniceros”. La presencia de grupos paramilitares en la calle, fusil en ristre, los asesinatos por sorpresa en el pub enemigo y el estallido de bombas eran frecuentes. “Muchos de mis amigos se fueron –recuerda Hooley–. Pensé que iba a ser el único en quedarme; fue una época terrible, pero la idea de dejar Belfast me hacía sentir como un traidor.”

Terri Hooley nació en Belfast en 1948. A los cuatro años se quedó tuerto: estaba jugando con un vecino a disparar flechas contra una lata de galletas –cosas de la posguerra–, cuando una de esas flechas rebotó en la lata y fue a parar directamente a la cuenca donde Terri tenía su ojo izquierdo. Desde entonces, lleva un ojo de cristal. Al hablarle, resulta difícil no distraerse con la no-expresión de su ojo siniestro. Él, sin embargo, asegura tan pancho que “la pérdida de un ojo jamás me atormentó demasiado.” No parece lo contrario. Hay quien dice que, hace años, el hombre tenía por costumbre sacarse el ojo e introducirlo en el vaso de cerveza de alguno de sus amigos, provocando el escándalo inmediato. “Todo eso es falso”, afirma.

La adolescencia le pilló en los sesenta. Ser hippie era lo que se llevaba. Terri se dejó crecer el pelo y empezó a acudir a marchas en contra de la guerra de Vietnam, y en favor del desarme nuclear. Durante esa época, sus ídolos eran Lennon, Dylan y Tim Hardin. Belfast, según cuenta, era una buena ciudad para vivir; no era Londres, pero “había cosas que hacer y sitios a los que ir, había fiestas, había música y había chicas.”

En 1968, todo eso acabó.

2. Good Vibrations: el punk como venganza

Durante los primeros años de The Troubles –como se conoce en el Reino Unido al conflicto de Irlanda del Norte–, Terri Hooley se sentía huérfano de actividad y juergas. Se había casado, trabajaba en una tienda de fotografía, y emitía desde lo alto de una montaña su propio programa de radio (pirata); también empezó a pinchar discos en un bar que, por lo general, estaba siempre vacío.

Un día, un compañero de trabajo que sabía de su entusiasmo por la música y los discos le acercó un diario en el cual se anunciaba la venta de una colección de 1.000 singles por 40 libras. Y Terri no lo pensó dos veces: decidió juntar esa suma –entonces fortuna– y hacerse con la música. Tuvo suerte. La colección, después se dio cuenta, contenía verdaderas joyas; discos difíciles de encontrar, y por lo tanto de gran valor para el auténtico collector. Así que Terri dejó su empleo y abrió una tienda de discos, a la que llamó Good Vibrations en honor a la versión que los Troggs hicieron del clásico de los Beach Boys, y empezó a interesarse por la compra-venta de vinilo. “Vinieron desde Londres para pagar cientos de libras por algunos de mis singles ­­–recuerda–, y además, como el local que escogí para ubicar Good Vibrations estaba en una zona muy deteriorada por las bombas, el casero me regaló los primeros seis meses de alquiler.”

Nada más abrir, a finales de 1976, Good Vibrations se llenó de jóvenes que ansiaban encontrar una vía de escape. La tienda se convirtió en el epicentro de una nueva subcultura, formada por no más de cien asiduos que andaban revolucionados desde que un tal Johnny Rotten gritase, unos meses antes, I am an anarchist. “Yo siempre digo que el punk fue nuestra venganza: no nos escuchasteis en los sesenta, pues mirad lo que viene ahora”. El momento culminante, sin embargo, fue el concierto de The Clash en el Ulster Hall en 1977. Concierto que, en realidad, nunca llegó a celebrarse porque el ayuntamiento lo impidió –al parecer, no quería que la ciudad se llenara de “gente repugnante”–; dio igual, esa noche se reunió en Belfast todo punk viviente en Irlanda del Norte. Y ahí estaba él, Terri Hooley, un hippie, dejándose excitar por la energía y la música de las jóvenes bandas-clientes; empezando a organizar conciertos, vendiéndoles discos y pegándose una farra tras otra, claro.

El siguiente paso fue tratar de grabar esa música. “Para las discográficas, Irlanda del Norte era una zona estancada; así que los jóvenes con talento estaban tratando de abrir una puerta que estaba cerrada con llave; entendí entonces que yo podía ofrecerles esa llave.” En 1978, su tienda Good Vibrations se convirtió además en un rudimentario-es-poco estudio de grabación, desde el cual se planchaban en vinilo los singles de las bandas que, como Rudi –un grupo que luego acabaría teloneando a The Jam–, empezaban a escribir sus propias canciones. “La atmosfera era increíble, cada vez venían más y más chicos a mi tienda, y cada vez aparecían más bandas. Puede que esos fueran los años más oscuros del conflicto armado, pero creo sinceramente que esas bandas punk salvaron incontables vidas apartando a la juventud de la esfera político-paramilitar y dándoles algo excitante en lo que concentrarse.” Antes de acabar el año, Terri ya había sacado tres singles. Las cosas iban bien. Pero aún irían mucho mejor.

 

3. “Life was constant party.”

Si tienes 18 años y una chica te gusta, y te gusta de verdad y lo darías todo por ella, es posible que las bombas queden en un segundo plano. Que la ciudad, Belfast, o Derry, esté dividida y no puedas salir a la calle a partir de las 6 de la tarde, que por la ventana de tu habitación veas humo a lo lejos y a peña vestida de camuflaje corriendo de un lado para otro con automáticas encima es algo realmente jodido; y, sin embargo, que ella no te haga caso puede ser mucho peor. Cuando The Undertones escriben ‘Teenage kicks’, su ciudad estaba en medio de una guerra, pero lo que importaba de verdad era another girl in the neighbourhood / wish she was mine / she looks so good. Todo lo demás, da igual.

“Cuando escuché ‘Teenage kicks’ me quedé alucinado”, asegura Terri, quien había traído a la banda desde Derry para participar en un certamen musical que él mismo había organizado, y al que llamó ‘Battle of the Bands’. Al día siguiente se puso de inmediato manos a la obra. Decidió ficharles, les grabó, y se plantó en las oficinas de EMI en Dublín donde planchó dos mil copias del EP, antes de irse a Londres a picar puertas. “Pensé: tengo seis días, y esto tiene que escucharlo todo el mundo.” Una vez allí, y para su sorpresa, TODAS las discográficas, desde las grandes compañías como EMI hasta los sellos más independientes como Rough Trade, rechazaron su publicación. “De la CBS me echaron físicamente”, recuerda hoy, entre risas. Pero por suerte, también pasó por la BBC y le dejó una copia del disco a su héroe, el locutor John Peel. “Estábamos en casa mi mujer y yo, yo recién llegado de Londres con el ánimo por los suelos, totalmente destrozado y con un cabreo inmenso. Nadie había comprendido nada, nadie había entendido la belleza de esa música. Cuando, de golpe, ‘Teenage kicks’ empieza a sonar en la radio.” Era el popular programa de John Peel en BBC Radio 1 –25 de septiembre de 1978–, y cuando acabó de sonar, Peel, provocando definitivamente que los lacrimales, o el lacrimal, de Terri se inundara por completo, dijo: “¿No es este el mejor disco que jamás han escuchado? De hecho, voy a ponerlo a otra vez…”

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