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Este es un terreno abonado para la discusión, y en él abundan opiniones totalmente opuestas. Las hay que entienden este movimiento como el resultado de una fusión entre las múltiples culturas urbanas que convivieron en las ciudades desde la segunda mitad del siglo XX; otros opinan que simplemente son jóvenes materialistas y superficiales. ¿Quiénes son los hipsters?

 

Lejos de lo que venían siendo los hipsters de mediados del siglo XX, los actuales comenzaron a ser conocidos como tal en torno a los años 90, a menudo personificados en la figura de un joven de clase media, que vivía en una gran ciudad y que se sentía atraído por lo alternativo. Algo así como un modelo de la antimodernidad, un spleen del siglo XXI subido a unas Chuck Taylor All-Star. Pero, a parte de darnos un vago perfil del hipster moderno, no había una regla clara para definirlos, no podías distinguir a un hipster por la calle con la misma facilidad con que identificarías a un rapero o un heavy; no formaban una cultura urbana al uso. Bueno, pues todo esto es exactamente la misma opinión que se tiene hoy en día. Nada parece haber cambiado. No está nada claro su rol dentro del espacio urbano, no tienen definidos sus gustos como movimiento, aunque es seguro que todo lo que pase por ser independiente tiene muchas papeletas de ser de su agrado.

 

Por todo esto, no viene nada mal recordar las diferentes tesis que unos y otros han sostenido sobre el movimiento. Por un lado podríamos situar a Julia Plevin, que explicó que para ella, pese a que la definición de hipster podía ser confusa puesto que los propios hipsters huían de ella, en realidad ellos mismos se comportaban de maneras parecidas, etiquetándose con sus hechos más que con sus palabras. Mark Greif, por su parte, definió la palabra como un término utilizado por jóvenes de contextos socioeconómicos diferentes que buscaban equipararse entre sí, conformando de este modo una pequeña subcultura pseudobohemia con ansias de demostrar su autenticidad. Otros dicen que no es más que una unión de técnicas capitalistas que buscan la asimilación de las diferentes corrientes underground formadas a partir de la segunda mitad del siglo XX y que estaban compuestas en su mayoría por grupos de personas descontentas con el mundo, desde los hippies de los años 60 y los punks de los 70, hasta la llamada Generación X en los 80 y 90.

 

Las etiquetas que solemos colgar a las cosas se quedan a una distancia enorme de lo que parece ser esto de los hipsters, aunque lo que está meridianamente claro es que es un aglutinador de corrientes sociales. El sociólogo chileno Raúl Zarzuri opina que los hipsters pertenecen a los sectores más acomodados de la sociedad, pero que cuentan con un pensamiento abierto. Zarzuri nos dice que estos no se engloban dentro de una supuesta subcultura hipster, puesto que eso es lo que les diferencia de las demás subculturas, el hecho de no decantarse por ninguna identidad urbana.

 

Lo que es obvio es que el fenómeno hipster ha surgido únicamente, o al menos en un primer momento, en el mundo occidental, por lo que sus características sociales tienen mucho que ver con el capitalismo. Posiblemente sin este último no habrían aparecido todas las subculturas que hoy conocemos y que desde los años 60 vienen transformando el panorama social en Occidente. Las democracias, poco restrictivas en un principio con los movimientos juveniles alternativos en comparación con los regímenes totalitarios comunistas, y el crecimiento del poder adquisitivo, fueron detonantes claros para el surgimiento de las subculturas urbanas. Pero como ya sabemos, pese a un principio tolerante, las democracias capitalistas terminan ejerciendo un control casi total sobre todo aquello que pudiera ser considerado peligroso, nocivo o contradictorio con su propio sistema, y en esto habría que incluir por supuesto los movimientos espontáneos de protesta. Quizás por esto, los hipsters pudieron aparecer, no como una herramienta directamente creada por los gobiernos, pero si como una manifestación espontánea resultado de una profunda penetración del capitalismo en los modos de vida de estas subculturas.

 

De todos modos, quizás se estén proponiendo demasiadas definiciones de algo que, bajo mi opinión, no es más que un estilo de vida moderno de jóvenes de grandes ciudades cuyo único delito es pretender situase al margen de lo que se entiende por moda, aunque con para ello sigan otra, y que son el resultado de una sociedad ecléctica, en la que se han terminado mezclando todas las propuestas culturales y estéticas de décadas anteriores y en la que la única manera de sentirse diferente es tomar partido por pequeños detalles que nos hagan desiguales.