La calle Great jones arte final def.inddLA CALLE GREAT JONES
Don DeLillo
293 pgs
Seix-Barral

Don DeLillo (Nueva York, 1936) escribió La calle Great Jones, su tercera novela, el mismo año que aquí Carrero Blanco volaba por los aires. En 1973, quizás España no estaba para cuentos de estrellas del rock que acaban devorados por su propia fama, y, quizá por ello, esta novela aún no se había traducido ni publicado aquí. En efecto, Bucky Wunderlick, el protagonista, acaba de abandonar la gira con que recorría el país y ha desaparecido. Los rumores crecen, e irónicamente, su figura también. Hay quien dice que ha muerto. Pero no. Bucky no ha muerto. Al menos clínicamente. Se ha refugiado en un piso de la calle Great Jones, en Nueva York, donde se limita a existir de un modo espectral junto a Opel, la groupie de la que se ha enamorado. Sin embargo, la paz, la mera existencia en el mundo, la vida anónima, se verá truncada cuando empiecen a visitarle todo tipo de gente: periodistas, productores musicales y agentes, excompañeros, amigos e incluso diferentes miembros de una banda de colgaos que quieren involucrarlo en la venta de lo que, dicen, será la droga más loca que el hombre habrá probado jamás. Un ristra de secundarios que acabarán mezclándose en su vida, y amenazando con destruirla (o hacerla renacer) definitivamente, ante la mirada paralizada de la estrella.

DeLillo pretende reflexionar aquí sobre el poder que la sociedad empezaba a otorgar a los ídolos de masas en los años setenta. Un poder devastador, según concluye, para los que se erigen como tales, y cuyo paralelismo en la vida real podría ser Jim Morrison, muerto dos años antes, en 1971. El autor perfila a un tipo lleno de fobias que ansía evaporarse; un cantante que afronta el éxito haciéndose pequeño y dudando cada vez más sobre si es artista o vende-motos, y encerrándose en sí mismo como un caracol. Y de fondo, una ciudad fría donde operan todo tipo de agentes dispuestos a cualquier cosa con tal de que siga la función.

Aún faltan años para que DeLillo regale al mundo su Submundo, pero aquí ya muestra indicios de esa ambición, y del talento e inteligencia que exige la tarea. Sumerge al lector en la atmosfera fantasmal en que vive su protagonista con lirismo, para luego interrumpir ese limbo con la charlatanería excéntrica de los personajes que se cruzan en su deriva hacia ninguna parte, entre los cuales destacan las voces de Fenig, su vecino y antítesis, un escritor que sí entiende el mundo y el arte –lo entiende como una mercancía–, pero que no encuentra la fórmula del éxito, y la del doctor Pepper, el líder mafioso de la misteriosa organización el Valle Feliz. Con todo, una novela interesante y portentosa, escrita por un hombre inteligente que acabaría siendo capaz de auténticas proezas. A ratos, La calle Great Jones parece ya una de ellas.