La obra de la artista argentina Ana Álvarez-Errecalde estuvo especialmente impulsada por sus experiencias como madre; por las preocupaciones y alegrías que conlleva la crianza de los niños y su interés por el mundo que les dejaremos. La mirada de Ana es franca y sus imágenes desafían los ya consolidados puntos de vista de la Historia del Arte y de Hollywood, principalmente por no corresponder a la visión mayoritaria ni partir de un punto de vista masculino.

Cuando le preguntamos en la entrevista por Skype si lo ‘embellecido’ debe ser desestimado por lo ‘real’, nos contó:

«Yo no creo que haya que sustituir una cosa por la otra. El problema que veo es que sólo nos cuentan una historia y yo creo que tenemos que ser tan plurales como sea posible. La mayor parte del imaginario popular que vemos de las mujeres proviene de una perspectiva masculina, heterosexual, occidental y patriarcal.»

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Recientemente ha terminado una serie de cuatro autorretratos fotográficos creados como una reflexión sobre su experiencia maternal titulada Las Cuatro Estaciones. En Asentir está sola de pie delante de un árbol florecido entre sus flores caídas permitiendo que la sangre que alude a una pérdida gestacional tardía la manche. Sobre ese momento explicó que encapsula una aceptación de la experiencia. En retrospectiva, afirma que “Aunque las cosas eran difíciles, pude encontrar cierta esperanza y confianza que me permitió dejar de enfocarme en cuán dura era la situación.” En concordancia los otros tres retratos permiten que nos invadan las preocupaciones, pero a su vez, están llenos de vida. Sin motivación religiosa, en Anunciación, posó como en ‘La Pieta’ de Miguel Ángel junto a su hijo que tiene una enfermedad neurológica grave. La obra Anunciación; reflexiona sobre el amor incondicional, el «SÍ» dado a todo los que puedan venir, aunque sea difícil, una vez uno decide tener un hijo. Con su hija como Caperucita Roja en Sombra, examina su papel de madre, la transmisión de sus propios miedos a su hija; temible y protectora al mismo tiempo. El equilibrio de la relación madre/hija se condensa nuevamente en Simbiosis. La opinión de Ana en relación con la maternidad está muy alejada de la idea de Supermamá tanto como su idea sobre la mujer está muy lejos de la idea de ‘Superwoman’. Ella no considera la maternidad como un superpoder por encima de los niños, sino como una relación absolutamente simbiótica, donde cada ser es completo, pero se reinventa y se fortalece con la relación que se establece entre ambos. Las reacciones a ésta imagen trajeron a la superficie los puntos de vista puritanos en relación a la lactancia materna que ella critica. Iba a ser la portada de ‘HipMama’, una revista alternativa para padres publicada en los EE.UU, pero debido a las reacciones de la distribución, la foto fue censurada. Ana y la revista idearon un punto rojo para cubrir el pezón con la mención “No Supermom Heroes Here” (Aquí no hay Supermamás), que sirvieron para poner de relieve la hipocresía, teniendo en cuenta la gran cantidad de revistas que utilizan el pezón para vender.

Ha colocado en el imaginariopúblico un retrato sin precedentes de un nacimiento con el El Nacimiento de mi Hija: un autorretrato configurado por un díptico hecho durante uno de sus partos en casa. Encantada por una imagen en la que se veía cogiendo en brazos a su hija recién nacida todavía unidas por el cordón umbilical, decidió capturar la imagen. «Estaba pensando: vale, si me siento lo suficientemente bien lo haré, y si no, no importa, el nacimiento es más importante. Pero el nacimiento fue increíble y era tal y cómo lo había visualizado, me sentía muy fuerte, y tenía la sensación de que podía subir al Himalaya con toda esa energía. Fue increíble”. Al principio no tenía intención de publicar las imágenes, pero después de ver las fotos reveladas, se preguntó por qué nadie le había mostrado imágenes como estas en su infancia, por qué nadie le había contado que un parto puede ser así. “Yo no era paciente, era activa, era protagonista.” En la foto ella está claramente encantada con su bebé, ella tiene el control y está plenamente en su estado natural. “Quiero que las futuras madres sepan que esto también es posible”.

La forma en que describimos nuestras vidas y recuerdos a través de la fotografía captó su atención, igual que el ideal del álbum familiar. Su serie Egología, desafía el concepto de nuestros recuerdos excesivamente editados. Con la serie DSD, Islas Migrantes, explora las dificultades de ser un inmigrante indocumentado fotografiando a estas personas delante de un fondo de estudio que retrata el tipo de entorno al que aspiran. Al lado de eso hay otra imagen que incluye un cuadro más grande revelando su entorno diario más sombrío. Este es un tema importante para Ana, ya que ha vivido en Nueva York y Barcelona por más años de los que ha vivido en Argentina.

Sobre su obra dijo “Siento que hay un tipo de responsabilidad o compromiso, porque la obra puede ayudar a que otras personas sepan que no están solas en sus experiencias o deseos.” Dejando un rastro de imágenes de sus hijos y del mundo, Ana hace visibles diferentes historias no contadas y da fuerza a nuestras realidades.

“La violencia hacia las mujeres se inicia con la represión de su sexualidad, la apropiación de sus partos, la interferencia en todos los ciclos vitales y la creación de roles manipulados. Una madre negada negará a sus hijos su cuerpo y su presencia, de modo que todos terminan conformándose a una sociedad desatendida, no amada, desnutrida. La violencia consiste en fomentar carencias que instigan a un consumo desproporcionado insostenible y perverso. Una mujer feliz que acepta su cuerpo tal cual es y siente el placer de compartirlo con sus crías es en sí misma una revolución, puesto que deja de formar parte del engranaje que alimenta la enormidad de deseos insatisfechos de futuras mujeres y futuros hombres. Me interesa exponer esta violencia porque es el origen de muchas otras.»
Ana Álvarez-Errecalde