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El Acompañante
Jonathan Ames
375 páginas
Principal de los Libros

Hay días en que el sol brilla con una intensidad tan benigna que parece que nada malo pueda suceder. Paseando por la ciudad, la imaginación vuela y uno se convierte en el protagonista de su propia película; los diálogos imaginarios casi merecerían ser escritos tal cual uno los construye en su cabeza, y la vida, a pesar de sus asperezas y de lo inherentemente trágico que hay en ella, sólo parece una aventura. Esta maravillosa sensación de osadía despreocupada, incluso de arrogancia, y al mismo tiempo de inmunidad ante el peligro de verdad y el dolor chungo, es una de las grandes virtudes de la comedia inglesa de P.G. Wodehouse: uno de los referentes más evidentes del cómico Jonathan Ames.

Si no han leído sus novelas o presenciado sus performances, quizá hayan visto Bored to death y puedan entender mejor qué les quiero contar. El sol picando encima de los árboles en Brooklyn y el detective que se lanza a la aventura después de almorzar con vino blanco… ¿un martes? Uno sabe lo que busca en una novela de Jonathan Ames, y lo mejor es que lo encuentra. Escrita en 1998, El acompañante es una simpática comedia de enredos (heredera de Wodehouse, como decía, y sobretodo de su serie Jeeves, a la que más adelante homenajearía explícitamente en ¡Despierte, Señor!), mezclada con la pasión que el autor no puede esconder por la novela de caballerías (especialmente El Quijote) y construida desde un punto de vista pseudo-vivencial –o al menos lleno de referencias personales– pero extrapolable, como en Shalom Auslander, a todo judío o persona que haya recibido una educación religiosa demasiado dogmática, en relación al sexo y al sentimiento de culpa.

Esta es la historia de Louis Ives, un profesor al que despiden del trabajo después de ser pillado olfateando el sostén que una compañera había olvidado en la sala de profesores, y de cómo tratará empezar de cero al lado de un dramaturgo setentón que jamás tuvo mucho éxito y que malvive en un piso en Nueva York: Henry, el acompañante de señoronas acaudaladas que pretende vivir como un caballero aunque en realidad no tiene ni un céntimo y que se convertirá en su mentor; un mentor estimulante al que Louis seguirá como Sancho hacía con el hidalgo manchego. Con ese amor y esa incondicionalidad. Entrando en su onda. Pero mientras tanto, el joven Louis también tratará de esclarecer el por qué de su extraña tendencia a vestirse de mujer, lo que supondrá una excéntrica aventura en bares de travestis y pisos de madames. Ames dejó aquí una novela benigna, buena y divertida, que le sitúa en una tradición de comedia, o tragicomedia, típicamente americana y judía, que alzó el telón con Saul Bellow, y que ha tenido en Woody Allen y Larry David a dos nobles (aunque dispares) seguidores.