lostinmusic-coberta.inddLost in Music. Una odisea pop
Giles Smith
310 páginas
Contra

Cuando Giles Smith escribió este libro, poco debía imaginarse que, veinte años después, éste acabaría traduciéndose a otros idiomas. La primera pulsión creativa del autor no fue la escritura, sino la música pop. Pero no resultó. Las bandas que fundó y con las que tocó en algunos tugurios jamás alcanzaron el éxito con que soñaba. Asumió que Bob Geldof no iría jamás a su boda, que jamás tendría el patrimonio inmobiliario de Sting, y que su madera de apasionado fan no era la misma que había tallado la figura de gente como Andy Partridge de XTC o Elvis Costello. Así que se levantó del piano, colgó la guitarra, cogió un lápiz y se puso a escribir. Sobre música. Como el fan que es. Con pasión y verdad, y sin pudor. Largando vergüenzas si toca. Rebosando paisajística de fan del pop, y anécdotas, qué digo anécdotas, catástrofes personales, como un Nick Hornby que acabase de ver Louie del tirón. Las tres temporadas, y los extras.

Lost in Music. Una odisea pop es su historia. La historia de Giles Smith. La vida de un joven de Colchester –uno de esos sitios donde pasarte de moderno puede acarrearte un parte de sopapos– que trata de convertirse en músico, qué digo en músico, en una estrella del pop –Smith tiene sueños de gran megalómano–, a las riendas de una vida holgada y lozana. La voz de un soñador que parece pedir permiso para contarse –esa misma inocencia y supuesta falta de trascendencia de la música pop–, y que cuando se suelta es capaz de dejar capítulos memorables. Todo contado en primera persona, a través de la adolescencia y la juventud y lo que venga después, pero con la perspectiva de ese después: esa tarima desde donde el autor puede mirar atrás sin rabia ni dolor; simplemente con humor.

En efecto, este es un libro sobre música pop. Pero no sobre la historia de la música o los géneros y los estilos, o los tipos de pedales de distorsión que utilizó Brian May en el concierto de Watersmein, no; es un libro que habla de cómo la música te habla, de cómo te cambia, de cómo se te mete dentro y se convierte en uno de los mayores amores y obsesiones que un humano puede llegar a sentir y soportar. Y da igual que las bandas que marcaron su juventud no sean las mismas que te hablan a ti; mientras tengas intacta la pasión del niño que una vez se escondía en su habitación para simular que tocaba el solo de guitarra más acojonante de la historia, rascando las cuerdas de una raqueta de tenis.

Al final, su fracaso se convierte en un libro lleno de empatía, ritmo, confesiones, risas y colores. La historia de este fracaso sí que es un triunfo. Diantre, ¡a tomar por culo el éxito! Ya lo decía Beckett: hay que fracasar, o volver a fracasar. O fracasar mejor. O algo así.